FOTO ARRIBA (1974 año) - haga clic para ampliar -

Sentados: D. Pedro Benabeu, H. Vidal Garces, D. Fco de Miguel, Srta. Marisol, Srta. W Teresa, H. J. W Muruzabal, D. Juan de Parada, D. Mariano Borja, D. Ram6n Jurado.

Fila central: (4?), D. Marcelino Calles, H. Fco. Anton, D. Jose A. Navarro, (4?), Mariano Vivancos, D. M. Rodriguez y D. Fco Maestre.

Fila fondo: D. J. L. Barce16, D. Isidoro Moreno, D. Jose P. de Pedro, D. Vicente Roig, D. Luis Laguna, D. Jose Vte Hernandez, D. Jesas Oliva, D. Mariano Marcos y D. Juan Frexin6s.

FOTO ARRIBA: Señorita de 1º de EGB, Teresa Porras

FOTO ARRIBA: Señorita Marisol de 1º de EGB

FOTOS ARRIBA: Profesor Don Parada. (tutor de 6º de EGB). Don Parada era una eminencia en cuestión de cine. Más de una vez he sido testigo de su sapiencia, sobre todo cuando había Cine Forun. Solía dar una pequeña introducción sobre la película a proyectar.

FOTO ARRIBA: Don Paco Porras Barona (tutor de 6º de EGB)

FOTO ARRIBA: Profesor Don Francisco de Miguel. (tutor de 5º de EGB)

FOTO ARRIBA: Profesor Don Pedro (tutor de 4º de EGB)

FOTO ARRIBA: Profesor Don Agapito (Química de BUP)

FOTO ARRIBA: Podría decirse, casi con total seguridad, que esta foto es inédita, ya que no se conocen fotos relacionadas con Don Javier (administrador del colegio y profesor de Pretecnología).

FOTO ARRIBA: Profesor Don Carlos (2º EGB)

FOTO ARRIBA: D. Barceló (profesor de música)

FOTO ARRIBA: Profesor Don Zulueta.

FOTO ARRIBA: Se que es de segundo de EGB pero su nombre nada.

FOTO ARRIBA. A la izquierda podemos ver a Don Jose Antonio Beltrá (tutor de 5º de EGB y experto en Física). A su derecha, Don Javier (profesor de Prectenología y creo que Administrador - despacho en el pasillo que iba a la sala de Apamar).

FOTO ARRIBA: Aquí podeis contemplar a nuestro querido Antón dentro del bus en un viaje de fin de curso.

FOTO ARRIBA: Quien no se acuerda de nuestro querido profe de lengua el hermano marista Anton. Para muchos una eminencia en Lengua y una gran persona.

FOTO ARRIBA:  Nuestro Don David - profesor de matemáticas - en curso de 6º de EGB.

FOTO ARRIBA:  Y quien no se acuerda de Don Barbier, un pezado de profesor.

Su especialidad: el inglés.

FOTO ARRIBA: Profesor Don Mena (tutor 5º de EGB)

FOTO ARRIBA:  De izquierda a derecha - Don Barbier, Don David y Don Mariano

FOTO ARRIBA. Excursion a Granada. Don Mariano (impartía Historia), Don Miguel (impartía Historia) y Don David (impartía Matemáticas).

FOTO ARRIBA. Don Miguel en una excursión a Granada.

FOTO ARRIBA. Don Miguel (foto realizada en la semana dedicada al 75º aniversario de la llegada de los maristas a nuestra querida ciudad).

FOTO ARRIBA. Quien se acuerda de nuestro querido Hermano Inocencio. Hombre recto y disciplinado encardado de la custodia de los alumnos que iban los sábados a su clase para recuperar el tiempo perdido. Un gran hombre incomprendido.

FOTO ARRIBA. Bueno y el Hermano Damian. Otro gran docente y tutor de 2º de la antigua EGB.

FOTO ARRIBA. Don Jesús Oliva. Tutor de 4º de EGB. (O eso creo)

FOTO ARRIBA. El Hermano Millan. Antiguo Director del colegio.

FOTO ARRIBA. La señorita Pepita. Tutora de 1º de EGB.
Una gran maestra.

FOTO ARRIBA: Nuestro gran profe de gimnasia - creo que su nombre era Don Mariano o algo así. Menudo tute nos daba en el patio sur en resistencia.

Comentarios: 28
  • #28

    J.C (domingo, 30 octubre 2016 13:50)

    Hola J.Ca, gracias por haberte leído el tocho. Pues la verdad es que sí, a mí también me suena el nombre de Guijarro relacionado con él,... no sé, pudiera ser que se apellidara así este profesor. Aunque tengo algunas interferencias en los recuerdos, porque de lo que más nos sonaba ese apellido era del autor de los libros de Observo y experimento: Tomás Calleja Guijarro, y porque teníamos un compañero al que conocíamos con ese nombre, muy hincha del Hércules él y que después acabó en la tele de Alicante en un programa sobre su (y nuestro) amado equipo blanquiazul. Un saludo.

  • #27

    Javier (miércoles, 30 marzo 2016 16:52)

    El profe del bigote que daba en de 2ºB se llama Emilio Berenguer Agulló. Me dió en el curso 74/75.

  • #26

    J.Ca (viernes, 12 febrero 2016 21:30)

    Buenas J.C.

    Me has hecho pasar un rato muy bueno recordando tantos profesores y tantas anécdotas de aquellos años.
    La verdad que has retratado perfectamente a todos y cada uno de los profesores de los que has comentado cosas. Al menos de los que yo conocí..

    Y me has hecho acordarme del nombre del tutor de 2º EGB, que era Jose González Baeza, que no lo recordaba.
    La historia del profesor de 4º de EGB es otra de las que no consigo recordar . Quizás debimos tener el mismo profesor, porque desde luego yo también recuerdo sus clases como "si estuvieras en casa". Lo que no me cuadra son los apellidos de ese profesor que nombras...Quizás no sea el mismo que yo recuerdo, pero en mi año creo que se apellidaba Guijarro,aunque no tengo ninguna seguridad y además, como comento, podría tratarse de otro. Si te suena el tal Guijarro, por favor coméntalo.

    Un saludo

  • #25

    J.C. (miércoles, 15 abril 2015 20:37)

    Y ya sólo resta por mencionar algo de los profesores que nunca tuve. Por ejemplo, D. Francisco Porras, que aunque no me dio clase me conocía muy bien. Era muy bromista, muy enérgico y con un vozarrón muy adecuado para dar clase en un estadio sin micrófono. El Hno. Pablo, "El Pablito", daba en 2º de BUP; era bajito y tenía cara de buena persona. "El Parada" daba en 8º. El Hno. Arturo era uno muy viejo, de pelo blanco muy cortito y con el mal genio necesario para imponerse a los alumnos. Le llamaban "El Yayo" y falleció estando yo todavía en el colegio. Recuerdo que entró en nuestra clase para anunciar una cosa y, al levantarnos por su presencia y oír el estruendo de arrastrar las mesas y las sillas, nos espetó: "¡Mucho ruido, pocas nueces! (Eran tiempos en que toda la clase se levantaba cuando entraba una persona mayor).

    Cuando iba a primero de EGB, se organizaron unas clases extraescolares de inglés, a las cuales me apuntaron mis padres. Aquel profesor era nativo inglés y construía las frases con personajes de terror como sujetos: "Dracula eats potatoes, Does Dracula eat potatoes? No, Dracula doesn't eat potatoes". Yo no me enteraba de nada, porque era pequeño y en la clase había niños mucho más mayores que yo, además de que me sentaba al fondo y encima me incorporé tarde. De allí sólo recuerdo la canción que nos enseñó: "My bonnie lies over the ocean, my bonnie lies over the sea, my bonnie lies over the ocean. Oh, bring back my bonnie to me. Bring back, bring back, oh bring back my bonnie to me, to me… Bring back, bring back, oh bring back my bonnie to me". La letra la he sacado ahora, porque antes, en vez de "oh bring back", decía "euinba" y así me lo apunté en un papel, que era lo que escuchaba a los demás y no sabía ni qué decía. Así que, para terminar y despedirme, y al estilo del ordenador HAL de 2001 odisea del espacio, que al desconectarse sólo le quedaba ya memoria para reproducir la primera canción que le enseñó su programador en una prueba inicial, os dejo con aquella canción: https://www.youtube.com/watch?v=Hp_vkZkMQNU

  • #24

    J.C. (miércoles, 15 abril 2015 20:36)

    COU.
    En cuanto a profesores nuevos que no estén ya citados, en COU tuve en Química al Hno. José María Rius, el director del colegio en aquel año. Tenía fama de superlisto y superinteligente, había escrito libros y estudiado la carrera de Física y la de Química. Le llamaban "el Naranjito" porque era el año 1982 (el del Mundial de fútbol en España, con aquella mascota que se llamaba así) y él tenía los mofletes más bien redonditos y sonrosadetes. Llevaba barba, algunas veces venía con bata de laboratorio y otras vestido de traje con corbata, porque antes de la clase había tenido alguna reunión importante. Lo que más nos impresionó fue pillarlo hablando en inglés en los pasillos con un par de estudiantes extranjeros que estaban visitando el colegio (ya se sabe que en España, puedes tener cuatro carreras, un yate y tres ferraris, que lo que más impresionará a la gente no será eso sino que sepas inglés). Era simpático y muy razonable. Realmente no pudimos comprobar demasiado la profundidad de su conocimiento de la Química, porque para dar clase en COU y hacerse entender, la verdad es que tampoco se necesita demasiado nivel.

    En Biología tuvimos a un militar, que no recuerdo ahora cómo se llamaba. Venía con uniforme todos los días y nunca nos explicó que tenía que ver con el ejército ni por qué estaba dando clases (o yo no estaría en ese momento). Lo recuerdo con desagrado, pero no por él, que era un buen hombre, amable y sencillo en el trato, sino porque la clase de Biología era a las 8:00 de la mañana y en el aula más pequeña del Piso (la de COU E) todos apretujados, y el conjunto de esas circunstancias me daba algo de angustia, además de saber que tenía por delante toda una mañana de clases que no había hecho más que empezar.

    En la asignatura de Lengua (española, se entiende, porque no se estudiaba valenciano entonces, lo cual a muchos nos supuso luego un gran problema cuando se empezó a exigir para todo) tuve al psicólogo del Colegio, "El Mena". Era también un hombre sencillo, simpático -aunque tampoco sin pasarse-, y buena persona fundamentalmente. Poco que decir,... me caía bien.

    Y a la esposa del anterior, que no recuerdo su nombre tampoco, la tuve en Inglés. Su mote era "La avispa" (supongo que por ser pequeñita de tamaño y por su mal genio cuando se ponía reñidora). Nos dio amplias nociones de fonética inglesa, herramienta que a los de mi promoción no nos había pillado todavía en ningún curso anterior. Tal y como era su deseo, lo cumplo y proclamo aquí: la palabra de la lengua inglesa "confortable" se pronuncia poniendo como sílaba tónica la primera, y el resto de sílabas se dicen rápidamente con "chuás", algo así como "cónfotibol" pero dicho muy rápido el "fotibol". Digo esto porque nos insistió mucho en que aprendiéramos eso y que esperaba que en el futuro ningún alumno suyo pronunciara esa palabra de la manera maldita. La manera maldita, puesto que ella la hacía tabú y tampoco quiso pronunciarla nunca, tampoco la explicitaré yo ahora. Escribió la palabra CONFORTABLE en la pizarra y dijo: _"Por favor, que nadie se le ocurra pronunciar esta palabra hasta que no la sepáis pronunciar, no quiero escuchar jamás a alguien pronunciándola como sé que la pronunciaríais en estos momentos. Se pronuncia "cónfotibol" y no quiero oír a nadie que lo haga tal y como sé que todos estáis pensando en estos momentos…". Muy bien, Srta, pues "cónfotibol" y nos seguimos olvidando de la otra pronunciación….

    (Aunque a veces, entre mis fantasías más surrealistas, podía imaginar la escena de algún alumno cabreado con ella por un suspenso, que la persiguiera por la calle gritando: _¡Confortéibol, confortéibol, confortéibol!… Y ella tapándose los oídos: no, por favor, socorro, policía… _¡Confortéibol, confortéibol, confortéibol!…)

  • #23

    J.C. (miércoles, 15 abril 2015 00:59)

    En Física y Química de 3º, tuvimos al inolvidable y querido -por lo menos para mí- Hno. Antonio ("El Vampus", por sus facciones algo chupadas y quizá también porque no es que estuviera demasiado moreno). Era muy formal y serio, tenía porte de profesor responsable. Pero por debajo de una levísima sonrisa no paraba de ofrecernos rasgos de un humor irónico y sarcástico muy fino.

    En COU seguiría con la Física y también nos daría Religión -muy "a la moderna", sin ninguna acritud, como ya era costumbre en el colegio y en la mayoría de los centros de la época-. Me resultó muy humano y encantador, una vez que dijo: _"Yo a veces tengo mis dificultades con la fe, no la tengo segura"._Y yo, con esa desvergüenza de los 17 años, me atreví a replicarle: _"Pues no hay que dudar, Hermano Antonio, los cristianos hemos de esta firmes en la fe, y si tenemos dudas, pasamos de ellas, porque si uno quiere las resuelve en un segundo rechazándolas. No podemos perder el tiempo en esas tonterías que a veces se nos pasan por la cabeza, porque el tiempo de la vida es corto como para andarlo perdiendo con esas tonterías que entorpecen nuestro camino"_ Y su reacción me sorprendió mucho, porque se apeó en seguida del debate, supo tener la humildad de no contestar y de poner cara de pensativo y reflexivo, como aceptando lo que le estaba diciendo. Sentí como si fuera yo el que le estaba dando en ese momento una lección a él. ¡Qué grandes son las personas cuando son grandes!

    Explicaba bien si atendías, pero como tampoco era precisamente un showman, si te perdías desconectabas, copiabas maquinalmente la pizarra y luego no entendías nada. Afortunadamente, el libro de Edelvives escrito por el Hno. Marino, era muy bueno.

    El "Vampus" nos insistía mucho en que lo más importante a nuestra edad no era tanto sacar buenas notas como dar el salto de niños a hombres, "MADURAR" era la palabra mágica. Ese sentido de la responsabilidad era la tarea más difícil de nuestra edad, y que si no se lograba entonces… posiblemente se tardaría mucho en conseguirlo, y había personas que no lo conseguían nunca. Terminó el curso de 3º con esta frase: "Nos vemos el año que viene, si Déu vols" (Era de Valencia). Gracias, Hno. Antonio, y siento mucho no haber aprendido todo lo que tuve la oportunidad de aprender de Vd.

    En Biología tuvimos a D. Ramón (el mote era un poco ofensivo, así que no lo cito). Era un profesor muy ingenuo, muy bueno, y su bondad la aprovechábamos para armar algo de ese jaleo y cachondeo que en otras clases no nos atrevíamos. Él reaccionaba solamente amonestándonos con un: "¡A ver qué va a pasar…!", era su frase, tan poco contundente como poco eficaz. Sin embargo, nos caía genial a todos y en el fondo sentíamos pena de nosotros mismos por aprovecharnos así de su bonhomía. Se apasionaba por su asignatura y recuerdo que creía que había bastante de verdad en el tema de la Astrología. Más que un profesor, era una persona que trabajaba de profesor, uno de esos amigos que a uno le gustaría tener.

    En Historia de España tuvimos al Hno. Cirilo ("El Tarro", probablemente por la forma de su cabeza, no tan redonda como la de otros). Fue autor de algunos de los libros de Edelvives que estudiábamos. Se notaba que sabía mucho, y para el que atendía y le gustaba la historia, debía de ser bastante interesante escucharle. Yo no supe conectar con él, la verdad. En COU daba también Historia del Arte a los de letras (cada dos por tres llevaba a su gente a la biblioteca de "El piso" para ponerles diapositivas de catedrales, esculturas y pinturas, y comentarlas).

  • #22

    J.C. (miércoles, 15 abril 2015 00:57)

    Y lo más gracioso de este tipo de exámenes difíciles para asustar al alumnado y que se "ponga las pilas", es que tras la escabechina de suspensos y la pesadumbre generalizada que ocasionaban, en muchas ocasiones el profesor decía: "Bueno, como ha salido tan mal, lo anulamos, venga…, pero al próximo ya os quedáis con la nota que saquéis." Y entonces todos respiraban aliviados y se producía un fenómeno que me da mucha rabia: el de las alabanzas al profesor que hace eso. O sea, que a un profesor bondadoso que un día te da un "cachete" académicamente hablando, se le critica y se le dice que qué se ha creído, pero si uno duro te da 40 latigazos pero se detiene en el número 20, y al preguntarle por qué no sigue pegando dice que venga, que te perdona el resto de los latigazos, entonces la gente dice: _"Jo, es que en el fondo tiene buen corazón, no me cae mal este profesor…" Qué rabia me da a veces el género humano.


    3º de BUP

    De tutor me tocó D. José Luis Oliver, profesor de Filosofía ("El Sofos" mote obvio por la materia que impartía). Fue muy gracioso dar clase con él, porque entre que la asignatura era nueva y él la desarrollaba concediendo mucha importancia al diálogo en clase y a la reflexión, creo que a todos nos gustaba bastante, por lo menos hasta que llegaban los exámenes. La primera clase, que repitió también en COU, todos la recordamos muy bien porque es esa típica primera impresión que no se te borra. "¿Qué es filosofía? ¿Qué entendéis vosotros por filosofía? ¿Nunca habéis oído eso de "déjate de filosofías y a lo práctico? La filosofía es hija de Eros y Tánatos, del amor y de la muerte, está a medio camino entre el poseer y el no poseer, etc."

    Lo que para él tenía más importancia del temario de 3º era la explicación de la percepción según Santo Tomás de Aquino, poniendo como ejemplo un caballo blanco. Un examen mítico que yo viví con él en COU -y no sé si lo repetiría otros años- fue aquel en el que se trajo una manzana y se la comió, y luego dijo: _"Primera y única pregunta del examen: explicad qué es lo que diría Aristóteles que le ha ocurrido a la manzana". ¡Muy bueno! Era un profesor guay, de los que no iba de nada (salvo la necesaria coraza para protegerse de los alumnos, pero delgada); era una especie de amigo que sabía más que tú; tenía (o tiene) una forma de hablar dulce y suspensiva que te hacía reflexionar; cada frase que decía era inteligente y te hacía pensar, aunque fuera para no estar de acuerdo.

    En inglés tuvimos por primera vez a un nativo británico, "Mister John", cuyo nombre ya de por sí era el mejor mote. Le sacamos una canción con la tonada de Jingle Bells: "Mister John, mister John, eres un cabrón, no nos pongas el examen, danos el Peñón ¡Hey!". Era un hombre simpático y afable. Nos insistió mucho en que fuéramos al cine a ver "La vida de Brian", que se estrenaba por entonces, porque nos íbamos a reír mucho. Y por primera vez, el libro de texto de inglés ya era de los super-raros, ya no pertenecía a Edelvives y formaba parte de una época en que los libros escolares estaban evolucionando, hasta llegar a lo que luego fueron: auténticos cómics o revistas llenas de fotografías, muy divertidos pero con todo bastante desorganizado. Yo me perdía en esa náusea, acostumbrado al orden y hasta a los dibujos serenos de Papá Edelvives.

    En Matemáticas, tuvimos al Sr. Carbonell, que un par de años más tarde se iría a la universidad a dar Matemáticas en la Facultad de Económicas. Este sí que era simpático y buena persona, muy humano y tierno. Le llamábamos "El Chapucilla", porque una vez resolviendo un problema dijo: "para ahorrarnos un cálculo más largo, vamos a hacer una chapucilla, despreciando este término que vale poco…" y nos hizo gracia. Nos aconsejaba que la mejor forma de aprender derivadas era sentarse delante de la tele un fin de semana y ponerse a hacer una tras otra, una tras otra… sin casi darse cuenta. Explicaba mil veces mejor que "El Pollo", desde luego.

    En Religión, el Hno. Francisco Báscones ("El Bas-Bas"), simpático, muy abierto y muy humano también. Nos mondábamos de risa con sus "cambios de voz", porque a veces pasaba de repente de una voz más aguda a una más grave.

  • #21

    J.C. (martes, 14 abril 2015 16:26)

    (Viene del comentario anterior)
    El lado positivo de su carácter fuerte era que los estudiantes siempre han ido firmes con él, nadie se atrevió jamás a hacer una tontería, y si lo hacía, el Menargues le pegaba un rugido, se lo comía vivo y ya sí que no volvía a hacerlo. Por tanto, se puede alegar en su favor que no es un defecto precisamente el conseguir tal disciplina en las clases de hoy en día.

    Lo peor, a mi juicio, era su forma de explicar. Creo yo -y ojo, tampoco quiero pontificar porque no tengo suficientes datos, así que tómese mi análisis con pinzas, me puedo equivocar-, que este era un importante punto flaco. Su estrategia (a la que después creo que se apuntaron más profesores del departamento y llegó crear estilo en Maristas) era no poner las cosas fáciles a los alumnos, hacerles ir con la lengua fuera, explicar poco y mal pero exigir mucho y bien, para provocar en el alumno un sentimiento de terror que le hacía "ponerse las pilas" y dedicar más tiempo a la asignatura, buscar en libros, acudir a profesores particulares o a academias, para conseguir llegar al nivel de los exámenes. El primer golpe bajo de cada curso llegó a ser todo un clásico: un examen muy difícil en el primer mes, para que casi todo el mundo suspendiera y tomara conciencia de que había que llevar mucho cuidadito con esa materia. Resultado: todos se esforzaban mucho más. El que solía sacar notas buenas o medianas, palidecía al verse con una nota tan baja y se ponía a estudiar el triple de lo que sería normal en él. Sin embargo, esta estrategia "pedagógica" puede tener su lado negativo en aquellos alumnos con una personalidad no luchadora, que se deprimían directamente. Hay algunos a los que el pincharles les hace embestir más, como pasa con el toro bravo, pero hay otros que son más bien mansos o incluso vacas. Al final de curso se solía levantar la mano para compensar un historial de notas bajas, pero también ha habido temporadas en que no se ha levantado la mano, y entonces algunos estudiantes han tenido problemas luego para entrar en ciertas carreras por la media de sus notas.

    Eso sí, el mal rato que uno pasaba durante el curso, después se solía agradecer al enfrentarse a la Selectividad, donde uno venía "de la guerra" y se encontraba con una simple "pelea de barrio" que le daba risa. Los alumnos de Maristas de ciencias siempre han ido muy bien preparados, por lo menos los que llegaban. Otra cosa buena de este método "pedagógico" es que te enseña a sacarte tú mismo las castañas del fuego, y eso es muy interesante cuando uno llega al mundo universitario, donde el profesor deja de ser un papá que te vigila y donde hay demasiada libertad -que tantos no saben gestionar bien-. El alumno que ha sido criado entre algodones, muchas veces no sabe luego cómo manejarse en esa jungla, pero uno de Maristas equivale a un verdadero "marine" curtido en este entorno y es más fácil que salga a flote. De todas formas, y con respeto a cualquier otra opinión, confieso que he recomendado a algunas personas no llevar sus hijos a los Maristas o incluso a sacarlos de allí cuando se acercaban los cursos superiores. Mea culpa, si lo es, pero lo sigo recomendando. Para mí, hay que explicar bien y dar todos los medios, todo en bandeja de plata, y eso sí, luego controlar todo lo que se quiera el número de ejercicios hechos cada día o con exámenes diarios para que el alumno no se duerma en los laureles, pero la forma de hacer amar una asignatura es entenderla bien en un ambiente agradable (para mí).

  • #20

    J.C. (martes, 14 abril 2015 16:25)

    (Viene del comentario anterior)
    Su especialísimo sentido del humor se proyectaba en el texto de cada problema, construyendo una historia que se pretendía cómica y la cual se suponía que el alumno debía reír y agradecer (aunque poca gracia le podían hacer esas disgresiones en pleno examen trimestral). Yo pillé uno de los primeros de esta serie: era 1980, en el cine Avenida se podía ver la primera película de Superman y el Menargues disfrutó como un niño elaborando un problema de cinemática basado en el popular filme. Lois Lane cae desde un edificio de tantos metros de altura, ¿con qué velocidad inicial hacia abajo deberá impulsarse Supermán, si se lanza 5 segundos después de la intrépida periodista, para atraparla antes de que se estrelle contra el duro suelo de las calles neoyorquinas?… Pues todos así. No sé si son de agradecer estos adornos o bien no, que cada cual elabore su opinión. Para él, "problemas reales" significaba otra cosa que lo que conoce todo el mundo: informarse sobre un procedimiento real del mundo de la física o química y presentarlo en forma de problema; un problema real de Sergio es tomar un problema de los de cualquier libro de texto y cambiarle el enunciado ampliándolo con datos reales buscados en una enciclopedia o luego en Internet. Por ejemplo, si hay que encontrar la fórmula empírica de una molécula, pues aprovecha y coge la de cocaína y te suelta un rollo previo sobre esa substancia; para un problema normal sobre el pH, te remite al estómago y te habla de la gastritis y del número de personas que la padecen y del medicamento que la alivia, etc.

    Ahora bien, en toda esta comedia surrealista, el punto más a su favor era que se esforzaba en buscar problemas bastante enrevesados e interesantes, no los típicos que se daban en otros colegios o institutos sino problemas que tenían una solución ingeniosa o que exigían un cálculo algo más complicado de lo normal. En ese sentido consiguió que sus exámenes fueran los de mayor nivel de la provincia o incluso más allá; otra cuestión es si preparaba a los alumnos de acuerdo a ese nivel que luego exigía. Fruto de esta afición han sido los libros que luego ha publicado, con cientos de problemas y en relación con las "olimpiadas" académicas que se organizaban. Creo que fue uno de los primeros en Alicante en enseñar a resolver los problemas con factores de conversión para todo, desterrando las reglas de tres cuando todos las seguían usando, y también en adoptar el método de la distribución de los electrones totales para las estructuras de Lewis (todo ello muy poco intuitivo pero que al final se ha puesto de moda por su elegancia).

  • #19

    J.C. (martes, 14 abril 2015 16:23)

    (Viene del comentario anterior)
    Era frecuente avisar de que al día siguiente se iniciaría la clase con un examen de lo del día anterior, pero sin preguntas ni problemas, en el que habría que escribir toda la teoría. Eso nos obligaba a estudiarla. En COU, una de sus clases famosas era la llamada "La Vengansa del Chinito", que era la demostración del Teorema de Rouché-Frobenius, porque había muchos pasos de la demostración que eran casi iguales al anterior, pero en los que las matrices diferían en una fila solamente con respecto al paso precedente, y entonces él se limitaba a borrar esa línea de la pizarra y copiar la nueva, mientras que nosotros no podíamos hacer eso en el bloc y teníamos que copiar de nuevo las matrices enteras. Entonces daba rabia ver cómo teníamos que pegarnos un trabajón de copiado cuando D. Pedro había tardado sólo 10 segundos en escribirlo.


    Le llega ahora el turno al famosísimo Sergio Menargues, uno de los profesores más carismáticos y particulares de la historia del colegio. Al igual que el Hno. Marino, cuando se se ponía de buen rollo, era un campeón de la simpatía, de la gracia e incluso de la comicidad; pero cuando sacaba el "Menargues" borde que llevaba dentro, también obtenía medalla de oro en esta especialidad. Es un hombre muy activo, rápido, amante de la eficacia y la eficiencia, y despreciativo frente a los que no llegamos a esos niveles, hasta el punto de poder parecer -o quizá ser- despótico y atemorizante, incluso en el trato normal, sin que medie un conflicto o enfrentamiento. Yo acogería de buen grado mantener una conversación con cualquier otro profesor del colegio, cada cual con su carácter, pero la idea de estar hablando con él, incluso hoy, me echa para atrás -quizá sea una exageración porque tenga grabado el chip de que su trato personal adolecía de cierta agresividad que se me ha quedado marcada-.

    Como puntos positivos, podemos citar en primer lugar que Sergio Menargues (llamado "El Menargues", "El Serguey" o "El Agapito" -quizá porque el -antaño popular- personaje de los tebeos de Bruguera con ese nombre, también lucía un notable bigote-), trabajaba bastante los apuntes con presentaciones a ordenador llenas de fotografías y referencias históricas. Aunque en mis tiempos no había medios para ello y no lo hacía, luego sí empleó estos procedimientos. A principios de los años 80 ya se le notaba una afición tremenda a la historia de la Física, pero sólo -o sobre todo- a una parte muy concreta: los diferentes modelos atómicos: Thomson, Rutherford, Bohr,… hasta que empezaba la mecánica cuántica, ahí ya no, pero todo ese periodo de principios de siglo se lo conocía con pelos y señales, le fascinaba, y los apuntes que elaboró después, estaban cargados excesivamente de datos históricos sobre la evolución de estas teorías atómicas. No tenía la misma afición hacia otros periodos u otros temas dentro de la física y la química, pero ese sí que le volvía loco. Creo que lo que más que le gustaba de la Química es la parte que va del principio hasta estequiometría.

    Yo estuve en su clase en la época en que se estrenó la película que más le ha influido académicamente: "El jovencito Frankenstein". No sé por qué, pero le encantó esa película hasta tal punto que ya entonces no paraba de mencionar a sus protagonistas, y en los años posteriores los hizo personajes de sus problemas novelados junto con otros. Aigor, el profesor Devereux o Pepita Borderline forman ya parte de imaginario colectivo de tantos alumnos que pasaron por sus manos, pero en mi tiempo sólo había nacido el lúgubre jorobado Igor, perdón, Aigor.

  • #18

    J.C. (martes, 14 abril 2015 16:20)

    2º de BUP
    Tuve de tutor a D. Pedro Bernabeu (apodado "El Piro", no sé por qué, pues el mote le venía de años anteriores. A lo mejor, como daba griego y "piro" es una palabra de esa lengua, probablemente la mencionaría en alguna clase y algún iluminado se la adjudicaría para siempre). Es una persona muy correcta, un profesor como se supone oficialmente que deben ser los profesores, no se le puede reprochar nada, es decir, muy normal y un buen trabajador de lo suyo. Impartía literatura, latín, religión y la optativa de griego para los que elegían letras puras y no tenían física y química. Por las edades tan difíciles del BUP, tuvo que lidiar siempre con un alumnado conflictivo y a los que había que aguantar más idioteces de las esperables.

    En Matemáticas tuve a D. Pedro Botella ("El Pollo", por su tez coloradita) -luego lo volví a tener en COU-. Era un hombre muy inteligente, se notaba mucho que su formación matemática le había imprimido carácter en su personalidad, porque tenía una forma de razonar tremendamente lógica y metódica. Recuerdo que años después me lo encontré y me dijo que tenía cáncer, pero con una naturalidad, frialdad y una aceptación que yo sabía que tenía mucho que ver con ese tratamiento "matemático" de los problemas de la vida, además de los del cálculo y el álgebra.

    Es que es algo de lo que se habla poco: la utilidad meramente psicológica de aprender una disciplina, porque por ejemplo: un médico, un jurista, un matemático, un psicólogo o un licenciado en filosofía se nota que lo son simplemente hablando con ellos y viendo cómo afrontan las vicisitudes que les acontecen. Así que habría que decir a los adolescentes: cuidado con la carrera y la profesión que elegís, porque os va a cambiar vuestra personalidad bastante. Y por otra parte, además de la formación, el trabajar como profesor también les da un toque diferente al de todas las demás profesiones: suelen ser más desconfiados, desarrollan un personalidad más marcada para protegerse -la cual se trasluce en la vida cotidiana- y en general suelen ser más neuróticos que la media del resto de profesiones.

    D. Pedro Botella, en paz descanse, tenía una manera muy original de dar clase. Quería que no tomáramos apuntes mientras explicaba, porque sabía que si el alumno tenía que centrarse en copiar, difícilmente podría esforzarse en la comprensión de los conceptos y en seguir las demostraciones o el desarrollo de los problemas. Así que estaba prohibido abrir el bloc para tomar apuntes, había que atenderle a él y a lo que escribía en la pizarra, y cuando terminaba era cuando concedía un tiempo para copiar. Otra obsesión suya era que le preguntáramos dudas; comenzaba siempre así: _"¡Bueno, señores, dudas…!" Quería ver, al entrar en el aula, la pizarra llena de dudas, las cuales contestaba antes de iniciar el tema del día. Pensaba, con mucha razón, que las dudas eran algo absolutamente normal, ya que si los alumnos entendieran en seguida la materia sin ningún obstáculo, entonces no deberían estar en ese nivel sino en otro superior, y que la ausencia de dificultades mostraba sencillamente que la gente no había estudiado, que no se había molestado en mirarse lo explicado el día anterior. Así que alguna vez hizo un control sorpresa, enfadado porque no había dudas.

    Prefería que utilizáramos un bloc de anillas con hojas cuadriculadas, que sólo escribiéramos por una cara (para así, si más adelante teníamos que completar el tema con alguna ampliación o anotar cualquier aclaración, lo pudiéramos hacer por la cara de atrás). Y no aconsejaba para nada el pasar los apuntes a limpio en casa, porque lo consideraba una pérdida de tiempo ("y vosotros no disponéis de demasiado tiempo, porque además de estudiar, debéis salir por ahí de choteo, por vuestra edad").

    Utilizaba mucho la expresión "chuminadas campestres". Recuerdo también la forma de escribir "Límite", con las letras muy alargadas y que no se entendían, para que debajo cupiera lo de "x----> a". El primer tema que vimos, el de las sucesiones, era completamente nuevo y bastante extraño, en el sentido de que se empleaba un lenguaje matemático ya bastante duro (como aquella definición del límite con su épsilon, su delta, su "existe uno y solo uno", "si y sólo sí…", c.s.q.d., etc Ya se notaba que éramos mayores. Para explicar determinados conceptos usaba el ejemplo de una manzanita ("mansanita", como él decía cómicamente). "F de mansanita" consistía en sustituir una "mansanita" dibujada allí donde hubiera una x -o también a veces un jarroncito con flores-… De esta manera, si lo habíamos entendido con esos objetos tan surrealistas, ya no había problema para sustituir la x por una expresión matemática complicada, que siempre sería menos extraña que la "mansanita".

  • #17

    J.C. (jueves, 09 abril 2015 23:30)

    Siguiendo con 1º de BUP.

    En Inglés tuvimos a D. Javier Lloret, me parece que se llamaba. (Le apodaban "El Musola"… Según una versión que me contaron -que no sé si será cierta-, el mote le vino de cuando jugaba de portero de balonmano, creo, y cuando le marcaban un gol levantaba el brazo derecho en alto para hacérselo saber al chico del marcador, y ese brazo en alto le recordó a alguien a Mussolini). Era demasiado ingenuo y buena persona para manejar a aquellos cabritos de 15 años que éramos. En sus clases no aprendí deasiado, pero las recordamos con las lamentable pátina de que los gamberros se cebaban con él tomándole el pelo y gastándole bromas. Yo participé en ello más de una vez haciendo algún comentario en voz alta para armar jaleo, por lo que le pido perdón. Espero que Dios le dé por otro lado la paz y bienestar que algunos alumnos le quitamos, porque no supimos ser suficientemente hombres ni personas.

    Y llegamos al famoso Hno. Inocencio ("El Indio", por el color rojizo de su piel y su gesto adusto). Este era el profesor que más imponía de todo el colegio. Alguna vez, como tantos otros, utilizaba aquellos polémicos procedimientos punitivos propios de la época, pero sobre todo se hacía respetar por la cara seria que ponía y la firmeza a la hora de reñir.

    ¿Y ese miedo o respeto que nos daba, es bueno o es malo? Pues pasados los años -y creo que muchos se dieron ya cuenta sin necesidad de que el tiempo transcurriera-, creo que puedo decir que era un magnífico profesor. Nos dio a todos Ciencias Naturales; se pasaba el recreo copiando y dibujando en la pizarra todo lo que teníamos luego que copiar en nuestras libretas (que también me pregunto qué hubiera sido de sus clases si hubiera publicado un libro con todo aquello y no tuvieran que copiarlo los estudiantes de cada año… Supongo que servía para mantenernos ocupados y que no diéramos mucha guerra, aunque no le hacía ninguna falta la estratagema, desde luego. Por lo menos se pasaba la primera media hora explicando lo que había en la pizarra).

    Sus dibujos eran fantásticos, era un verdadero artista, perfectos y a tizas de varios colores. Una vez nos reprochó el que nuestras circunferencias a pulso salieran algo deformadas, y dibujó varias en la pizarra casi perfectas, como si tuviera adosado a la mano un mágico compás invisible. Hacía algo muy sabio, y es que cada día nos ponía un control de lo que habíamos visto el día anterior, por lo que nos obligaba a estudiar al día, mientras que en otras asignaturas dejábamos todo para la víspera del examen. Había que escribir todo lo que habíamos copiado, y era el típico examen que se prestaba a dar el cambiazo… Algunos lo daban, yo no necesitaba hacer esta trampa porque me solía saber sus lecciones, pero una vez lo di para demostrarme a mí mismo que era capaz, pero el papel que sustituí tenía exactamente lo mismo que el nuevo.

    Pues bien, creo que en todos mis años en el colegio, fue el profesor con el que más aprendí. Es que tengo la impresión de haber aprendido mil cosas en su asignatura (realmente, el temario era variadito y extenso, pero es que de verdad que con él aprendimos "mil cosas", y eso sólo lo puedo decir de esta asignatura. En las otras se darían "mil cosas", pero aquí además se aprendían). Así que el querido "Indio" para mí se lleva "mis 12 puntos" (como en Eurovisión) al mejor profesor que tuve en el Colegio, junto con el Hno. Marino. ¡Qué casualidad, los más duros y "cabrones"! ¿Por qué será esa casualidad?)(Aunque algo más tendrían que tener, porque a Sergio Menargues también le hubiera descrito con adjetivos parecidos, y sin embargo no le daría esa puntuación)

    No lo tuve como profesor de Religión, pero a través de la puerta que comunicaba las aulas, escuchábamos sus clases en esa asignatura: era el único que a finales de los 70 -un tiempo bastante modernista, en el que la enseñanza de la religión se había vuelto ya muy relajada, "guay" y quizá con algunos complejillos- tenía los arrestos de poner a toda la clase a rezar el Santo Rosario. ¡Ole tú, Hermano inocencio! Que el Señor se lo haya premiado en el Cielo, y ruegue por nosotros para que fructifiquemos en nuestras vidas actuales las semillas de fe y esperanza que, entre unos y otros hermanos Maristas, plantaron en nuestras almas infantiles y juveniles.

    En Historia de la Música tuvimos a D. José Luis Barceló ("El Fileto", como he comentado en otro lugar). Me acuerdo que en una ocasión entró en el aula de música el Hno. Marino y nos estuvo ilustrando con sus profundos conocimientos sobre la asignatura. Nos quedamos impresionados por la vasta cultura que poseía.

  • #16

    J.C. (jueves, 09 abril 2015 23:29)

    1º de BUP

    El Hno. Alonso (apodado "El Botejara", por una serie de TV de entonces: "La España de los Botejara, de Alfredo Amestoy -creo que más que nada por hacer eco de la popularidad del programa, no porque tuviera relación concreta con este profesor-). Recuerdo que era de Burgos.

    También tenía una personalidad muy marcada: era superformal, inalterable, ni una palabra más alta que otra, incluso para reñir no levantaba la voz: _"Ehhhh, a ver, Sr. Tal, ¿me puede decir qué es lo que está haciendo?… Muy bien, pues ya sabe que tiene Vd. que venir el sábado al estudio y me trae copiadas las partes del libro que hemos explicado hoy…. Por favor, no quiero réplicas, creo que está bien claro lo que tiene Vd. que hacer. Continuamos. Lea, Sánchez".

    Una característica suya era los megaesquemas que hacía de todas las asignaturas fuertes que daba (Historia en 1º y Geografía Económica en 2º, y nos también nos dio Religión). Si antes he alabado los esquemas del Sr. Maestre, en este caso no puedo decir lo mismo. Es que eran esquemas con miles de llaves unas dentro de otras, y eso le puede ir bien a un ordenador que lo tome en plan software, pero no a un ser humano. Si hubiera desglosado cada esquema en varios más pequeñitos y menos prolijos (o yo hubiera tenido la astucia de hacerlo para mí), hubiera sido todo más asimilable. Lo bueno que tenía es que sabías lo que iba a preguntar y cómo, y si no aprobabas era porque no te daba la gana estudiar. La verdad es que se curraba mucho cada clase, quizá fuera el profesor de todo el colegio que más horas echaba preparándolas. No era antipático, pero tampoco simpático ni empático, era como un robot muy educado, recto y dulce a la vez -supongo que también se puede ser buen profesor de esa manera-. Y como persona, muy equilibrado, eso sí que estaba bien; ante un problema alguna vez he pensado: ¿Cómo se tomaría esto el Botejara? Y me sale siempre una reacción flemática y analítica, que es la forma más inteligente de tratar las cosas.

    D. Javier Albert ("El Piji") nos dio Lengua Española (hoy se llamaría Castellano). Era muy suyo, y la particularidad suya que más recuerdo, era que en vez de decir: "Dígame tal o cual cosa", utilizaba la forma "Me diga…", que nos sonaba a todos rarísimo. Yo no me enteraba mucho de sus explicaciones sobre el análisis sintáctico, no sé si sería por mí o por la manera de explicarlo, sería por mí lo más seguro.

    El Sr. Riera nos daba Matemáticas y Dibujo (fue profesor también de la optativa de Dibujo Técnico, que había que elegir en 2º y 3º). Tenía bastante mal genio cuando había que poner orden, pero una gran capacidad explicativa. Recuerdo una clase sobre combinatoria que, con lo difícil que es hacer entender por qué las fórmulas son como son, o cómo planteara aquellos problemas tan variopintos, lo escenificaba y dramatizaba de tal forma que se entendía. Lo más que se suele llegar es a comprender las demostraciones de las fórmulas, pero él sabía además mostrar la fenomenología que subyacía debajo de cada ecuación, y no hacían falta demostraciones para comprender su fundamento: era evidente.



  • #15

    J.C. (jueves, 09 abril 2015 23:02)

    En 7ª y 8ª también tuve al Sr. Maestre, en la asignatura de inglés (apodado "El Búho", como ya he comentado en otro lugar), y lo volví a tener en 2º de BUP. En 7º fue una auténtica maravilla como profesor; y sin embargo luego ya no, no sé porqué. Es que en 7º nos hizo llevar una libreta en la que copiábamos unos esquemas clarísimos de gramática inglesa básica. ¡Qué fáciles son las cosas cuando se explican con claridad, esquemáticamente y con un ejemplo de cada una! De hecho, cuando construyo hoy una frase básica en inglés, me baso en lo que en aquel curso aprendí. Con esos esquemas en los que figuraban todos los casos y excepciones, no había error posible, no había manera de hacerlo mal. Luego ya dejó de emplear ese método. Era buen profesor y usaba una fina ironía para reprender.

    También en esos dos cursos tuve a D. Javier, el Secretario, en la asignatura de Pretecnología -ya comentada parte de ella al hablar sobre el taller-. No le recuerdo un mote, en todo caso le llamábamos "El Pretecnólogo". Nos resultaba algo antipático, en general, pero no porque fuera "borde" o de mal genio, sino por la etimología misma de la palabra, porque no tenía "pathos", era seco, frío y distante. Creo que fue el profesor con menos pinta de profesor, de los que tuvimos; parecía lo que era, el secretario del colegio al que le habían asignado dar esa asignatura, o un aparejador al que le habían raptado de su gabinete para impartir unas nociones de su oficio a unos chavales. Parecía todo un profesional de lo que impartía, pero vamos, que no se "enrollaba" nada (en el sentido actual de la palabra, que es hacerse el simpático, porque en aquel tiempo ese término sólo tenia la acepción de hablar demasiado). Todo esto es una descripción de su proceder, no una crítica, porque le comprendo muy bien: con lo gamberros que éramos, era una lógica medida protegerse de algún modo poniendo tierra por medio con nosotros.

    Lo más gracioso que hacía era a la hora de poner las notas, según las maquetas o los dibujos que le íbamos presentando. Estaba sentado a la mesa del profesor, sobre la que habíamos colocado por turno nuestra realización, miraba el trabajo, levantaba una hoja que ocultaba la lista de notas y metía allí la cabeza y la mano para poner la nota, con un misterio que estaba fuera de lugar: ni inclinándonos descaradamente hubiera sido posible ver qué nota escribía. Comentábamos que si por él fuera, se traería una manta y se metería debajo para poner las notas sin que las viéramos.



  • #14

    J.C. (miércoles, 08 abril 2015 20:14)

    8º EGB.

    Volvimos a tener a D. Miguel como tutor y en la mayoría de las asignaturas. En Matemáticas, nos tocó el Hno. Agustín, ya comentado en otro lugar.

    En Ciencias Naturales nos tocó D. José Sirvent (le llamaban "el Zigoto", porque era un término que salía en biología y se ve que hacía gracia el nombrecito, así que lo relacionaron con él). Era muy simpático y muy humano. Era una de esas personas que tenían algo, tenía un ángel especial, una dulzura, no sé...te encontrabas muy cómodo cuando hablaba y te creías cualquier cosa que contara porque sabías que era verdad. Era como un papá.

    En ese año se casó y por tanto se ausentó un par de semanas. Recuerdo que en una de las clases anteriores a su viaje, salió el término "mucus", que aludía una secreción que había en algunas partes del cuerpo humano, no sólo en la nariz, sino también, por ejemplo, en la vagina femenina. Y entonces, alguno comentó secreta y pícaramente, al saber que se había casado ya: _"Este domingo, el profe habrá experimentado en primera persona eso del "mucus"… En fin, una chorrada propia de nuestra edad, pero muy reveladora: en aquel tiempo no concebíamos que se pudiera tener relaciones antes de casarse. Así que de este cariz eran las paridas que soltábamos (porque además se llamaba así: "soltar paridas"… Se exclamaba: "¡Buah, qué parida!")

    En su ausencia vino a suplirle el Hno. Marino ("El Marino"). Nunca aprendí nada en los Maristas, como con él aprendí formulación inorgánica. Nos ponía en corro pegados a la pared y comenzaba una rueda de preguntas, tocando un golpe con un bolígrafo si respondíamos bien, y dos si mal -y entonces corría al turno al alumno de al lado- (no sé si llegó a traerse la típica "chasca", que antiguamente se utilizaba para este menester). Salimos con la formulación superaprendida en tan sólo dos semanas, tanto que en todos los cursos superiores de ciencias: BUP y COU, en lo tocante a formulación, viví de rentas de lo que había aprendido en esas dos semanas. Una personalidad arrolladora, segurísimo de todo y muy gracioso. Nadie más simpático que él cuando se ponía simpático, y a la vez, de los más atemorizantes cuando castigaba.

    También tuvimos por primera vez al Sr. Niñoles, el famoso "Salmonete", (así apodado por los tonos colorados de su piel). Impartía la asignatura de Educación Cívico-Social (lo que antiguamente se llamaba Política, pero ahora ya completamente recortado el espíritu patriótico de aquélla), dedicada al aprendizaje de las instituciones sociales básicas: lo que era un municipio, una provincia, un alcalde, cosas así... y también elementos básicos del comercio, como la Letra de Cambio -nos hizo comprar una y rellenarla, como práctica-. Lo volvimos a tener en Comercio de 2º y 3º de BUP.

    Su método de dar clase era muy inteligente. Tenía una libreta escrita con el texto que teníamos que estudiar, y se limitaba a dictarlo mientras todos lo copiábamos con la cabeza pegada al pupitre. De poco en poco hacía algún comentario explicativo y en seguida continuaba, cuidándose de ir a un ritmo suficientemente lento para no extenuar pero suficientemente rápido como para no poder hacer ninguna trastada, porque entonces te perdías. Así, sus clases eran un remanso de paz. Yo no me enteraba de mucho, porque no podía escribir y comprender, sobre todo al emplear un estilo expositivo un tanto retórico, lleno de conjunciones y fórmulas anticuadas de expresarse -como jurista que era-. Una de las más utilizadas era "de forma y manera que"… Pues todo todo en ese plan. En el trato era muy simpático, educado y atento, un señor de los de antes. Dios lo tenga en su Gloria.

  • #13

    J.C. (miércoles, 08 abril 2015 20:13)

    7º EGB

    D. Miguel era un granadino muy campechano. En mi año organizaba los pupitres haciendo equipos por cada columna: los que se sentaban al fondo, contra la pared, se encargaban de anotar los negativos o positivos que el profesor ponía, sobre todo ante las faltas de conducta cometidas por cualquiera de nosotros o por no traer los deberes hechos. El que superaba un determinado número de negativos, tenía que ir al estudio del sábado con el Hno. Inocencio, y creo que también estos puntos contaban para bajar o subir la nota. "_¡Ponle un negativo!" escuché cien veces en cada una de las cien chorradas que yo decía en voz alta o para cada una de las tonterías que hacía.

    El Hermano Millán nos dio Matemáticas ese año. Todo un personaje carismático. Pequeñito, y con ojos también muy pequeñitos cuando se quitaba las gafas, pero con un ímpetu y energía gigantescos. Era muy inteligente, con una inteligencia práctica muy grande, y con dotes organizativas y de empresario -no en vano era el Director del colegio (le llamábamos "el Hno. Director" o "el Millán").

    Recuerdo una frase que solía repetir (no suya, porque otros también la decían) cuando respondíamos ante una amonestación: "Es que creía que…", y él contestaba: "Don Creíque y Don Penseque son hermanos de Don Tonteque". Lo más destacado de la materia que vimos con él fueron aquellos ejercicios aritméticos larguísimos con mases y menos, y llenos de paréntesis, corchetes y llaves, en los que cada menos a las puertas de un signo agrupador, cambiaba el signo a todo lo que había dentro; era necesario estar muy atento para no saltarse ninguno de los cambios, porque entonces ya te daba mal el resultado. Constituía una tarea bastante tediosa y que podía despistarte, si acaso en el fondo te gustaban las matemáticas y estos ejercicios te sugerían la idea de que no te gustaban o que no valías para ellas -cuando no es así necesariamente-.

    En Física y en Música tuvimos a D. Antonio Beltrán. Creo que fue en su clase la famosa anécdota de la carcajada que soltamos en una memorable ocasión. Hay que aclarar antes que era muy normal que se viera tras el cristal de la puerta a un niño de otra clase que venía a traer algo al profesor o a Aniceto o a cualquier profesor que venía a anunciarnos algo, y el pobre chaval que se sentaba casualmente junto a la puerta, era siempre el encargado de levantarse a abrirla, o si llegaba, de inclinarse hacia adelante para alcanzar el pomo estirando mucho el brazo. Bien, pues ese encargado era entonces un chico que se llamaba Esteve de apellido (nos tratábamos todos por el apellido, porque así nos llamaban también en clase los profesores) y era común escuchar cada dos por tres: _"¡Esteve, abre la puerta!", cuando alguien advertía la presencia de alguna persona que quería entrar. Bien, pues al discutir sobre qué villancico prepararíamos para el concurso de Navidad, el profesor dijo: _También podéis cantar el clásico villancico de "Madre, en la puerta hay un niño". A lo que un gracioso dijo en voz alta: _"¡Esteve, abre la puerta!". Y automáticamente, todos por los suelos.



  • #12

    J.C. (miércoles, 08 abril 2015 12:27)

    Más profesores que recuerdo.

    A D. Jesús lo tuve también en 5º de EGB, porque sustituyó a mitad de curso a D. José Luis Laguna. También a él lo recuerdo haber venido a clase vestido de militar, pero mucho más continuadamente -no sé qué relación tendría con el ejército-. Tampoco recuerdo mucho más. Permaneció muchos años en los Maristas (quizá siga todavía) y he tenido ocasión de saludarlo en alguna ocasión por la calle.


    6º EGB

    D. José Manuel Barbié era un profe muy dinámico, enérgico -quizá a veces más de lo que desearíamos-. Sus enfados eran tormentosos y tronantes, inquisitivos y atemorizantes, vamos que imponía bastante. Daba lengua, inglés, música y religión, y nos hacía llevar a todos en las dos primeras asignaturas una libreta con tapas de hule negro, en la que apuntáramos todo e hiciéramos los ejercicios. No era infrecuente que tomara una de las libretas y la rompiera en dos partes, ante el desacuerdo por cómo se estaba llevando a cabo -a mí me rompió alguna, aunque la verdad es que mi mala letra y suciedad al preparar los trabajos, lo merecía-.

    Lo mejor era cuando cogía la guitarra y cantaba y nos hacía cantar. Recuerdo una melodía que cantaba en varios idiomas, uno tras otro, graciosísima, y todo cargado de chistes y agudezas muy simpáticas. Era un auténtico showman, un hombre de teatro, como después se hizo cargo de algunas obras para el salón de actos. Tocaba también el órgano, componía, hacía arreglos, era muy ideoso y original para todos esos montajes y con altas dotes de organización. Al año siguiente dirigió el ya comentado musical sobre el Hércules y el Barça, y luego en COU también nos dirigió en la acostumbrada obra que se preparaba en aquel curso. En nuestro año creo que fue cuando se casó -recuerdo el nombre tan poco común de sus esposa: Librada-.


    D. Antonio Beltrán era el profesor de Ciencias Naturales e Historia, aunque en otro clase era tutor y daba más asignaturas. Era un profesor suave, un relax.

    El Hno. Antón (apodado "el Sapo" por sus facciones algo más gruesas por la parte de la barbilla) nos dio Geografía (ya que en nuestro año figuraban en libros distintos las dos asignaturas de Geografía e Historia, aunque al año siguiente los unificaron). Quizá fue la asignatura que me pareció más rollo de toda mi estancia en el colegio. Sentado a la mesa del profesor, empezaba a cantar la lección de turno con una voz más bien baja y sin mirar al libro, de memoria. Impresionaba, desde luego, pero a mí no me atrapaba nada, me parecía como un robot hablando monotónicamente: _tiquitiqui, tiquitiqui, tiquitiqui…. _ZZZZZZZZZ. Hubiera sido mucho mejor, en mi opinión, dar esa asignatura con tanta carga memorística, a base de actividades realizadas en grupo o con concursos de preguntas y respuestas; y sobre todo más ayudados por los mapas, porque situar las zonas en el mapa ayuda a memorizarlas; sin embargo, aquellos de Edelvives eran demasiado exhaustivos, demasiados nombrecitos y símbolos que se acumulaban en un solo mapa, a mí me echaba para atrás sólo verlos, me repelían. Al Hno. Antón siempre se le veía en los patios, cuidando fuera del horario escolar a los que se quedaban para jugar o entrenar, era el encargado de los balones y fue muy normal verlo con una pelota bajo el brazo para entregarla o recogerla, tantísimas veces. Por ello llegó a ser muy popular y querido.

    D. Isidoro era el profe de matemáticas. Decían por ahí que era "el mejor matemático de Alicante". Nos contó que en una ocasión estuvo una noche entera intentando sacar un problema y que al final lo resolvió. Nos hacía aprender con bastante eficacia las fórmulas de las áreas: para la del trapecio nos recomendó una frase mnemotécnica: "Semisuma de las bases por altura".

    D. Miguel nos dio dibujo solamente, aunque en los dos años siguientes lo tuvimos como tutor y entonces ya nos llegó la oportunidad de conocerlo mucho mejor.

  • #11

    J.C. (miércoles, 08 abril 2015 01:55)

    4º EGB
    De cuarto recuerdo a un profesor muy simpático y cordial. El nombre se me ha olvidado, pero se apellidaba García Lillo, creo. No recuerdo casi nada de él, salvo eso, que estar en su clase era como estar en casa, como si fuéramos peces nadando en el agua, ningún problema.

    A mitad de curso tuvo que irse, no me recuerdo la razón ni si la dijo, pero nos dio una pequeña charla de despedida que fue de lo más hondo que vivimos en el colegio. Al salir de clase, caminando ya por el Patio Norte en dirección a la portería, vi a un compañero llorando. Y es que nos vino a decir, más o menos, que el tiempo pasaría, que nos haríamos mayores, que tendríamos hijos, y que confiaba que en alguna tarde perdida se nos escapara un recuerdo hacia aquel profesor que durante unos pocos meses pasó por nuestra vida, que esperaba dejar una huella, aunque fuera muy pequeña, en nuestra existencia… y que él quizá, de viejecito ya entonces, probablemente le sobraría tiempo para pensar también en los recuerdos que le sobrevinieran de esta clase en la que se había sentido tan bien, y que gracias por haber sido nosotros en su vida, llena de momentos buenos y amargos, uno de los momentos buenos… ¡Buah! Creo que fue algo así, pero dicho desde lo más profundo del alma y con toda sinceridad. Parece que no, pero los niños de 9 años son más sensibles de lo que parecen y esas cosas les impresionan. Pues bien, señor profesor, hoy ya ha llegado por fin ese día al que usted se refería y, probablemente, sin haberlo comentado entre nosotros, usted ha seguido viviendo un poco en el corazón de todos secretamente. Gracias por aquella clase magistral en la que nos hizo por primera vez sentirnos amados por un docente, y desde luego aprender lo que significa ser un gran profesor.

    El que le sustituyó también fue muy bueno y simpático: D. José Pedro Pedro Merino. Después de tenerle nosotros, hicieron una serie de televisión cuyo protagonista se le parecía: Grizzly Adams (ahora que he buscado la foto en Internet y la comparo con la del profesor -que está un poco más arriba-, la verdad es que son enormemente parecidos). Un día vino a clase vestido de soldado, porque se ve que estaba haciendo la mili o que la empezaba y le dejaban dar clase o algo así. Al entrar tarde y verle así vestido, me cuadré ante él con la mano en la frente, haciendo una gracia. (Era entonces una época en que los reclutas iban por la calle vestidos con el uniforme reglamentario. ¿Existió un tiempo así?... ¡Increíble!).

    D. José Pedro tenía buen corazón. Recuerdo un examen de septiembre, en el que me preguntó las provincias de la Región de León, después de un verano de piscina y sol en el que se suponía que tenía que haberme puesto a estudiar entre baño y baño: _León… León… _Sí, León, y debajo está Za… _¡Zamora! _Vale, y te falta una. _León, Zamora y… León, Zamora y… _Sa… _Sa…? _Sala… _¡Salamanca! _Vale, venga, aprobado. (Se ve que no quería que arrastrara la asignatura para el siguiente curso). Don José Pedro, muchas gracias, y lamento haber sido -y seguir siendo- un tarugo.



    5ª de EGB.

    En Quinto tuve a D. José Luis Laguna, el profesor más alto del colegio, con diferencia, el cual volví a ver en una reunión relacionada con el 100º aniversario del colegio. No había cambiado mucho, la verdad.

    En su clase me dio un corte que no veas, porque estaba yo haciendo un poco el payaso comentando cosas en voz alta, y me dijo: _"Los niños, cuando de pequeños hacen tonterías, son muy graciosos, pero cuando de mayores las siguen haciendo, ya no son graciosos, son desgraciados"… Resultado: paré de hacer monadas en seguida. En otra ocasión nos hizo aprender una canción de un disco de unos amigos suyos: los uruguayos Olga Manzano y Manuel Picón, la de "Galopa Murrieta" (con versos de Pablo Neruda) -que estoy escuchando ahora porque la he encontrado en Youtube-. Tiene su encanto, ahora que tengo más educado el sentido musical, pero entonces creo que a todos nos pareció un poquito rollo (o bastante, para qué decir otra cosa...).

    En ese curso nos visitó el Hermano Juan, un hermano joven, gracioso y dinámico, para proponernos que elaboráramos en la asignatura de religión una revista personal cada uno, en la que incluyéramos fotografías, comentarios, chistes... Nos ponía como ejemplo pegar una foto de un niño hinchándose a comer tarta y que el comentario inferior dijera: _¡Egoísta, dame un cacho!… ¡Qué carcajada arrancó a la clase! Nos entusiasmó ese proyecto porque era totalmente novedoso y divertido; yo estaba muy ilusionado, pero al final no sé qué pasó que todo quedó en agua de borrajas. ¡Qué pena!…Estoy por hacérmela ahora.

  • #10

    J.C. (lunes, 06 abril 2015 18:28)

    Más profesores que recuerdo:

    3º EGB
    D. José Vicente Hernández Mena.
    Era un profesor muy original, se inventaba cien mil cosas distintas; actividades que nadie hacía, ni en los demás cursos ni en ningún otro colegio, algunas divertidas y otras temibles. Eso provocaba que por un lado quisieras tenerlo pero por otra quisieras que te tocase otro al llegar a 3º.

    A principio de curso, recibió a dos alumnos del año pasado que venían a traerle un encargo desde otra clase. Como saludo cariñoso los levantó con los pies colgando cogiéndoles por el cuello, un antebrazo para cada uno. Sabíamos que eso no hacía daño pero decíamos ¡glup!

    Su afición a las manualidades le hacía que siempre estuviera mostrándonos nuevos inventos, como un mono de cartón con dos hilos enfilados por sendos agujeritos y que sus extremos se fijaban a la pared, de forma que abriendo o cerrando los hilos conseguía que el mono subiera hasta la pared por el aire y bajara, al ritmo de sus órdenes: _"¡Sube mono, baja mono!". O una tira de cartulina plegada en la que se leía "REDOPLA", y que al desplegarla se podía ver el letrero real: REcuerDO de constantinoPLA. O juegos de magia en los que extraía cualquier carta a petición, a partir de una baraja mezclada que se ponía en el bolsillo, o una bola que hacía desaparecer y que al volverse se la notaba abultando en su espalda, debajo del jersey, pero que ante las protestas de los niños, se la quitaba y era simplemente un pañuelo que tenía allí: _"¿Es que no puede uno llevar el pañuelo donde quiere o qué?".

    O bromas, como la vez que pasó César (el barrendero del colegio) por el pasillo exterior y le lanzó una pelota de tenis que no le dio porque rebotó en el cristal, pero que asustó al buen hombre. A César lo recordamos todos como muy simpático, pero si nos ponemos a analizarlo, no es que fuera simpático, pues no era sonriente, ni comunicativo ni nada, es que simplemente era muy sencillo y humilde, siempre barriendo y siempre sin decir ni mu, si preguntabas algo te contestaba o te advertía de algo que necesitabas saber... Realmente es que la humildad y la sencillez es la mejor de las simpatías.

    En otra ocasión, como teníamos la clase al lado del comedor, resulta que una de las cocineras era seguidora del serial radiofónico "Simplemente María" -la locura del momento-. y para avisarle de que era la hora de comenzar, nos hizo gritar a todos tres veces: ¡SIMPLEMENTE MARÍA!, y oímos la voz de la señora desde el otro lado a través de los respiraderos superiores: _"Vale, vale, ya lo sé, muchas gracias…"

    También era muy aficionado al dibujo (nos dio clase de Dibujo en la 2ª etapa de EGB, e incluso organizó una exposición de sus acuarelas, con un estilo que se asemejaba a vidrieras, dividiendo el dibujo en sectores separados por trazos muy gruesos y negros). Siempre estaba haciendo dibujitos, pero también muy originales, como el grabado de la cruz de un duro a escala gigante en una cartulina grande. También relacionadas con el fútbol, su otra gran pasión, y más concretamente, el Hércules. Ilustró un cuadernillo de ejercicios con una portada en la que nos dijo: "Hay dibujado un jugador del Elche", y al abuchear todos dijo: "… detrás de uno del Hércules" _ ¡Bieeeeeeeen!
    En sus dibujos figuraba siempre en algún lugar el nombre de su mujer: Alicia.

    Recuerdo que uno de los trabajos que nos mandó realizar, en relación con una lección dedicada a los libros como medio de comunicación y expresión, fue la fabricación de un libro con páginas en blanco pero perfectamente encuadernado. El mío resultó algo penoso en aspecto pero algunos lo hicieron muy bien (o sus padres se lo hicieron muy bien).

    Sus castigos también eran especiales, demasiado algunas veces. En fin, que para bien o para mal -y puedo asegurar que sin dejar de explotar ninguna de estas dos categorías-, D. José Vicente era muy-muy original.



    D. Leandro

    No lo tuve, pero sí tuve a su voz, porque traspasaba todos los días la pared desde la clase de al lado, de lo gruesa y firme que era. ¿Pensaría alguna vez este hombre en explotar sus dotes de barítono? La impresión que daba era la de un hombre muy sensato, responsable y buen hacedor de su trabajo, de esas personas a las que puedes confiarle cualquier cosa. Su hijo fue compañero nuestro. Al año siguiente de 3ª dio a 4º, por lo que seguimos escuchando su "voz en off" a través de la pared y de la mismísima muralla china que se hubiera levantado allí.

  • #9

    J.C. (domingo, 05 abril 2015 23:14)

    Profesores que recuerdo:

    1º EGB:
    _La señorita Lourdes. Era el sex-simbol del colegio, más que nada porque un pelo rubio largo, junto con ser jovencita, le hacía resplandecer y obligaba a girar la vista a todo el que la veía, sobre todo en un entorno eminentemente masculino como aquel.

    Yo tenía 6 años y ni me gustaba ni dejaba de gustar, no sentía esos impulsos todavía, pero sabía que la Srta. Lourdes era guapa porque lo decía todo el mundo, y yo para caer en gracia, decía que me gustaba, pero no acababa de entender por qué gustaba a la gente. Y creo que todos los niños que la admiraban, era por las mismas razones: teníamos el arquetipo de lo que era una chica despampanante (no se empleaba el término "tía buena" todavía) y la Srta. Lourdes se ajustaba perfectamente, así que procedíamos como se suponía que teníamos que proceder. Yo estaba en Babia respecto a esos temas; era un tiempo en que decía que no me iba a casar y que no podía comprender eso de los besos en la boca, una práctica de locos: con que a mí me daba asco beber de una cantimplora, una botella o un vaso donde hubiera bebido otra persona... era inconcebible eso de besar en la boca a otra persona, que es la fuente original de las babas (y eso que todavía no sabía que existían los besos con lengua, porque en esa época los besos que se veían en las películas eran de labios apretados, que si lo llego a saber, me hubiera decepcionado bastante la humanidad…)

    (Y haciendo un paréntesis para comentar el tema de la educación sexual, ya que me ha salido: yo sabía lo de meter la "colita" del hombre en el agujerito de la mujer, pero nunca había visto una fotografía o dibujo sobre ese acto, y creía que se hacía con el hombre sobre la mujer, pero ésta de espaldas al hombre, cosa que luego fue verdad pero como variedad, no como la postura más clásica. Y esto fue así hasta los 14 o 15 años, en que creo que vi un libro con grabados en Galerías Preciados y ya tomé mejor nota del tema. Es que hay que hacerse cargo: eran tiempos de pornografía cero. Y por supuesto, del sexo oral ni idea de que existiera. Los graffiti guarros de los servicios o de las paredes, sea en el colegio o por la calle, eran como mucho de penes o de alguna mujer desnuda, pero muy poco más. Los guarros de aquella época eran guarros muy decentes)

    _D. Marcelino era muy simpático, pero sabía imponerse ante los niños, tenía genio y castigaba. En una excursión a Guardamar, recuerdo que le di uno de los bocadillos de jamón que me había preparado mi madre. Tenía más trato con él, a pesar de no ir a su clase, por ser el profesor que vigilaba a los que nos quedábamos a comer. (Es curioso que la palabra que me sale para describirlo es "vigilaba", cuando lo lógico es que hubiera dicho que "cuidaba" a los niños que nos quedábamos a comer… pero la cruda realidad es que hay que vigilar bastante, hay que hacerse cargo de lo que es eso, que si un padre no da abasto en casa con tres críos, qué será con cien niños juntos).

    A la Señorita Pepita no la conocí casi, pero tenía cara de que había que temerle un poquito. A lo mejor era muy simpática luego en clase.





    2º de EGB

    _Don José González Baeza. Creo que es uno de los profesores que mejor me cayó. Era muy simpático y explicaba muy bien, aunque en ocasiones me consideró como a un trasto -que es probablemente lo que era y lo que sigo siendo- y no pocas veces estuve castigado de cara a la pared con los pies metidos en la papelera.

    Lo que más nos gustaba de sus clases era la lectura semanal de un libro de cuentos cuyo protagonista era "Juanito Malastrampas". Recuerdo una respuesta que nos dio, especialmente particular: al hablar de la presión atmosférica, un alumno le preguntó ¿por qué si el aire pesa, no sentimos su peso? (porque en el libro de "Observo y experimento 2º" salía un dibujo de una persona cargando con un saco pesado que representaba el aire. La respuesta fue: _"Porque Dios nos ha hecho para que no lo notemos", la cual no me parece precisamente mala contestación; es totalmente cierto y es como explica las cosas el Génesis, que dice lo principal que se debe saber, lo que importa, pero sin entrar a explicar con detalle todo lo que se podría llegar a saber, a fin de amoldarse a la capacidad de los que preguntan en cualquier época. El resto de las explicaciones fueron fundamentadas y documentadas.

    Nos hacía poner las mesas reunidas por equipos, designados por nombres que elegíamos nosotros. El mío se llamaba "Los monkeys".

    En mi curso se le murió su madre, con la que creo que vivía porque era soltero; un compañero me dijo: _¿Le has dado ya el pésame a D. José? Yo no sabía eso de los pésames y fue el primero que di en mi vida. Me respondió con un abrazo.

    _Don Mariano era otro profesor de 2º de EGB en mi año, pero no traté nada con él.

  • #8

    cronovisor (lunes, 30 marzo 2015 21:48)

    Conviene advertir que existe un plan orquestado para eliminar todo principio de autoridad para conseguir la subversión mundial: por eso ya hay jueces que dictan órdenes de alejamiento a padres por abofetear a sus hijos por llegar tarde. Se trata de femeneizar a la población y eliminar todo lo masculino (en las formas y en la educación), consiguiendo así pequeños monstruitos y futuros maltratadores, que se considerarán dueños de todo y que lo merecen todo sin ningún esfuerzo (como podemos comprobarlo hoy en todo lo público y en la política).

    De este modo se consigue subvertir el orden social y generar una gran subversión que traiga un nuevo orden mundial. Primero conseguirán dominar a las personas, haciéndolas débiles, sin personalidad y sin principios morales y religiosos, llenas de vicios y perversiones que ya les enseñan en la escuela por encima de la autoridad de los padres (basta ver los talleres de sexualización de niños que proyectan algunos poderes públicos) y después descabezarán a las naciones (patria viene también de pater, padre en latín. Así que después de destruir la figura del padre, vendrá la patria). Todo esto no es el futuro sino que ya es presente.

  • #7

    J.C. (lunes, 30 marzo 2015 04:19)

    (2ª parte, viene del comentario anterior)

    El caso es que eran efectivas, el niño se cuidaba bastante de no repetir la mala acción. ¿Y quién no, si la travesura te costaba tan cara?. Pero desde nuestro punto de vista actual, en unos tiempos en que nos han cultivado una sensibilidad muy especial y diferente a la que ha imperado en toda la historia, todo esto nos parecen barbaridades. Niños que antiguamente eran tachados de gamberros, hoy son hiperactivos o bien la culpa es del profesor que emplea métodos aburridos de enseñanza. Si se apela a la memorización de algo, es un contra-natura; saberse la lista de los reyes godos, eso es un crimen perpetrado contra el pobre chaval, porque por lo visto al memorizar tanto su cerebro se reblandece y se vuelve tonto (perdón, que no se puede decir tampoco "tonto"). Incluso en aquella época nuestra, ya bastante modernista de por sí, se suprimió lo de los reyes godos. Antes el alumno le tenía miedo al profesor, y ahora es el profesor el que le tiene miedo al alumno. Antes, si el alumno comunicaba en casa que el profesor le había castigado o suspendido, el padre tomaba represalias contra el niño; ahora el padre se pone de parte del niño y dice que el profesor se va a enterar, con lo que el niño se envalentona más. El que suspende ya no es un burro, sino que son las circunstancias o es culpa del profesor o del sistema, y que el niño no repita porque lo prioritario es que esté en una clase de los de su edad, aunque sea con una adaptación curricular especial para él. Ojo, no estoy diciendo que lo de antes fuera bueno y lo de ahora malo, yo estoy a favor de muchas cosas actuales, pero creo que tampoco es justo al revés, debe haber un término medio, un punto que quizá se alcance en las próximas décadas como movimiento natural del péndulo sociológico.

    En fin, el tiempo dará y quitará razones. Pero el principio de autoridad o el del esfuerzo o de la memorización o el de los castigos físicos moderados pero que pican..., quizá no sean tan descartables como se cree ahora, no sé. Desde luego, decir que todo lo antiguo estaba fatal (en este y en tantos otros terrenos) huele un poco a exageración.

    Así que por si las moscas, mejor no carguemos las tintas contra nuestros antiguos profesores, porque en todo caso fueron hijos de su tiempo y así fueron educados ellos también de pequeños. Y a lo mejor no faltaría algún viejo profesor de los que ya no están con nosotros, muy carca él, que nos llamara hipócritas por criticar los palmetazos en la mano a los niños de entonces, mientras en nuestra época asesinamos a los que se están gestando, a ritmo de más de cien mil al año sólo en España, cosa que a los "bárbaros" de su época les parecía a todos una monstruosidad.

  • #6

    J.C. (lunes, 30 marzo 2015 04:18)

    Como veo que ha salido el temita en los comentarios anteriores, antes de ponerme a referir recuerdos de tal o cual profesor, creo que hay que dedicar unas palabras al asunto de los castigos físicos que se estilaban por aquel entonces (englobados hoy por algunos en la categoría de "maltrato infantil").

    Vivimos en unos tiempos muy raros si se se comparan con el resto de la historia de la humanidad. El castigo físico a los niños (y me refiero a bofetones, tirones de oreja, palmadas al culo, reglazos..., no a una paliza que le haga ir al botiquín o a urgencias, que eso ha sido una barbaridad antes y ahora), resulta que no sólo es hoy políticamente incorrecto, sino que cada vez se lo ve más como un delito, y desde luego denunciable y motivo de expulsión del profesor o de toma de represalias de su familia, que le pueden partir la cara al profesor en justa correspondencia -igual que algunos pacientes de ahora insultan o agreden a sus médicos, cosa inaudita también-.

    Sin embargo esto ha sido así sólo desde hace unas poquísimas décadas. El castigo físico moderado se ha empleado siempre, pero siempre-siempre. Entonces, o la humanidad ha sido hasta ahora una tribu de bárbaros desalmados que no han tenido sensibilidad ni siquiera hacia los niños, y nosotros somos la luz que por fin ha surgido en el mundo… o bien estamos exagerando las cosas y algún día nos caeremos de la nube buenista. No lo sé, que cada cual opine lo que quiera, yo creo que eso sólo lo puede juzgar la historia, el paso del tiempo. Pasa igual que con las corridas de toros, que ahora resulta que todos nuestros antepasados: padres, abuelos y bisabuelos han sido unos sádicos asesinos y torturadores… ¡Caramba, de qué gentuza venimos, si tenemos que tomar las cosas como algunos nos las presentan ahora!

    Yo en los Maristas he visto, por parte de los profesores: bofetones, patadas, palmadas al culo, tirones de patillas, retorcimientos de oreja, capones, pellizcos, reglazos, lanzamientos de tizas, borradores, bolis, y hasta de libros desde la mesa del profesor hasta el banco del alumno,... y también un par de palizas de las de "venga darle al chaval", que se cubría como podía y el profesor no paraba de pegarle durante un minuto o así. Ni siquiera en esos últimos dos casos el niño tuvo que ir a que le hicieran una cura. Eso sí, mejillas coloradas, muchas; mofletes con la silueta encarnada de la mano del profesor, también. Lágrimas también.

  • #5

    anonimo (domingo, 29 marzo 2015 17:02)

    Al hermano Antón lo recordaré siempre con su rebeca color crema, apareciendo a media tarde en el patio norte, llevando una gran red con balones de balonmano y un pito en la boca. Después le sustituyó el hermano Feli. Y también recuerdo al hermano director de EGB, hermano Millán, con su diente de oro, incautándose de tu balón, porque habías hecho alguna perrería.

  • #4

    Cronovisor (domingo, 05 octubre 2014 13:11)

    Dale a tu hijo con la vara que no se va a morir. La cultura socialista de hoy dice lo contrario: no le toques a tu hijo que si no te denunciamos. Deja que tu hijo siga sus instintos y sus sentimientos.

  • #3

    Civitas (lunes, 21 julio 2014 19:36)

    ¿Maristas 1974-1982... quién eres?
    Tienes que ser de mi quinta fijo. Las fotos de Damián, Oliva, Millán y Pepita son exactamente las mis grupos en cada curso.
    Puedes enviarme mail a civitas_68@hotmail.com

    Enhorabuena por la web.

  • #2

    maristasalicante1974-1982 (domingo, 06 julio 2014 16:35)

    Querido amigo:
    No creo que se pasasen las tardes rompiendo reglas y menos que todos actuasen asi. Yo los he tenido a todos y te puedo asegurar que "nunca he visto romper una regla en la cabeza de nadie".
    Y si eso ha sucedido alguna vez se queja uno al Director y se acabó.
    Recuerdo la expulsión de uno de ellos (no está en las fotos) presisamente por pegar.

  • #1

    Uno de tantos (domingo, 06 julio 2014 10:54)

    Hombre considerar una personas que daba unos piños con la regla de madera llegando a partirla en la cabeza de un alumno, un gran docente y persona. Mucho peloteo veo yo